El futuro del Aikido

¿Podremos salvar al Aikido de su lenta decandencia?

O Sensei mostrando la posición "hanmi".

Algo se está moviendo en el mundo del Aikido, y parece que tiene mucho que ver con su futuro. En diferentes partes del mundo aikidokas y estudiosos del Aikido se están planteando qué futuro le espera a un arte que parece estar perdiendo adeptos, en muchos sentidos. La discusión más reciente alrededor de este tema ha surgido tras el fallecimiento de Stan Pranin, el más famoso historiador del Aikido, y que en sus artículos ya avisaba de la posibilidad de que el Aikido estuviese en una espiral descendente. A través de Aikido Journal se lanzó una encuesta en la cuál se preguntaba a los aikidokas cuáles eran los retos fundamentales que debía afrontar el arte. Las respuestas mayoritarias fueron tres: relevancia, efectividad, y percepción por parte del público en general.

Los resultados de esta encuesta se complementaron con la opinión de Roy Dean, uno de los primeros yudansha de Aikido en conseguir un cinturón negro en BJJ, que afirma que el Aikido está muriendo. Según este artista marcial, el Aikido se halla en una encrucijada: o redescubre la efectividad perdida según un método científico, o se irá diluyendo hasta convertirse en algo completamente alejado de sus orígenes, de lo que enseñó Ueshiba Morihei y sus alumnos destacados.

El Aikido se está muriendo

Este artículo ha desatado un debate bastante interesante en redes sociales. Podemos recoger un par de opiniones destacadas. La primera es de George Ledyard, 7º dan de Aikido, que reproducimos a continuación:

El Aikido, pese a sus orígenes modernos, es un arte tradicional en lo que se refiere a su difusión pública. Podría ser perfectamente un koryu. Enseñarlo de manera adecuada, consiguiendo como resultado cierto grado de efectividad marcial que implique “aiki” real, requiere un compromiso en el entrenamiento que no veo en la mayoría de jóvenes estadounidenses.

Artes como el BJJ ofrecen la ilusión de habilidades efectivas en el corto plazo. Por supuesto todos sabemos que un nivel alto en cualquier arte requiere años y años. No te conviertes en un Gracie o un Machado entrenando uno o dos días a la semana.

Pero un practicante de BJJ puede sentir que una mejora sustancial se produce en el plazo de unos meses. En el Aikido, uno normalmente entiende que realmente no puede aplicar lo que está aprendiendo, y el sentimiento dura años. La única manera de evitar esta realidad es el engaño y emplear fuerza bruta para que funcionen las técnicas, lo que simplemente imprimirá hábitos corporales terribles, y hará que dominar el aiki sea más difícil, sino imposible.

La mayoría de los dojos en los que enseño cuándo viajo tienen muy pocos jóvenes inscritos. Este grupo demográfico solía ser la fuente de dónde procedían los nuevos estudiantes en un dojo. La edad media ahora es de 40 años o más. La mayoría de los veteranos, o lo que enseñan, han pasado hace mucho su pico de forma física y son incapaces de entrenar con la intensidad que tenían cuándo empezaron. De esta manera, los jóvenes que llegan sienten que no pueden entrenar con la intensidad que hacía que nuestro entrenamiento fuese tan satisfactorio cuándo los más veteranos empezamos en esto.

En mi propio dojo tengo dos grupos de gente. Los veteranos que han entrenado de manera seria por décadas, y los nuevos. Apenas hay persistencia en el tiempo. Los novatos que llegan son en su mayoría mayores, en los treinta o incluso más. La mayoría lo deja antes de que su dominio del ukemi les permita entrenar con intensidad.

Los veteranos, la mayoría de los cuáles vienen de otras artes marciales, arrastran todo un catálogo de lesiones en rodillas, hombros, y demás articulaciones, lo que implica que ya han sobrepasado el punto en el que entrenar mientras se fuerza el límite podría ser sensato. El ritmo de la clase se ajusta para acomodarse a la mayoría, que suele ser la de más edad.

En otros países parece que hay más interés en el Aikido. Cuándo he enseñado en Europa y Canadá hay muchos más estudiantes jóvenes que pueden y quieren entrenar con más intensidad. Pero, por lo menos en los lugares dónde me invitan a enseñar y en mi propio dojo, es imposible tener gente con la que entrenar de la manera en que todos empezamos.

Los dojos que veo que florecen parece que estén mucho más orientados al Aikido como actividad social y a la práctica como meditación en movimiento que a la efectividad marcial.

Creo que esto es realmente trágico. Y es así porque la información sobre como enseñar este arte a un nivel superior y con aiki real es mejor hoy en día que nunca. Profesores de fuera de la comunidad del Aikido ha generosamente compartido los principios y metodologías con toda la comunidad aikidoka. Los pocos estudiantes que han permanecido conmigo están veinte años por delante de dónde yo estaba cuando empecé. Pero simplemente hay demasiados pocos jóvenes con el tiempo o paciencia para comprometerse seriamente. Practicamente nadie entrena de la manera en que lo hacíamos antes, seis o siete días a la semana, y que era necesaria para grabar los principios en nuestros cuerpo a un nivel celular.

Sin duda, es un opinión que refleja la experiencia personal de un 7º Dan. Sin embargo, el problema está ahí, y no pocos veteranos lo reconocen. Podemos recoger la opinión de Peter Goldsbury, otro ilustre aikidoka, muy cercano al Hombu Dojo, sobre este tema.

Peter Golsbury sobre el Aikido

Según Golsbury:

Creo que se puede ver el dilema del Doshu. Tiene que seguir enseñando la “esencia” del arte, pero sin saber gran cosa de lo que su abuelo realmente hacía. Él es unos años más joven que yo, y todo lo que sabe ha sido filtrado por Kisshomaru y los deshi de su generación. El hijo del Doshu Mitsuteru tendrá un problema aún mayor.

Aparte de algunas excepciones como Tomiki o Tohei, Kisshomaru permitió que los deshi más veteranos como Tada, Yamaguchi, o Arikawa, enseñasen lo que habían aprendido de Morihei Ueshiba directamente, cada a uno a su nivel de comprensión. Se permitió que floreciese la variedad, pero con el paso del tiempo ha devenido en un inevitable declive y en la insistencia cada vez más frenética de que lo que el Hombu hace es la única posibilidad de salvación del Aikido. Creo que si el Aikikai pudiese hacer de los ocho waza básicos un sacramento, tendrían alguna oportunidad.

Una vez más, surge la cuestión que no hemos dejado de tratar en Aikido en Línea tantas veces: cómo el arte cambió, y no poco, a partir de los años 50, momento en el cuál el Hombu Dojo toleró ciertas prácticas para permitir la difusión y popularización del Aikido. Entre estas, no fue menor la inflación de cinturones negros, enviar a enseñar por todo el mundo a estudiantes realmente novatos, y despojar al Aikido de los aspectos más incomprensibles, o menos accesibles para el público en general. En cierta manera, y si hacemos caso a Goldsbury, lo que permitió la supervivencia del Aikido se ha convertido ahora en un problema.

Un síntoma de esta misma casuística es que nadie, hoy en día, parece ponerse de acuerdo en casi nada en el Aikido. ¿Qué es el aiki? ¿Cuál es la mejor manera de entrenarlo?¿Cómo debe ser su aplicación marcial?¿Qué armas entrenar, y cómo hacerlo? Dentro de la comunidad aikidoka cada opinión es válida, porque se ha perdido un referente mínimo que sirva de consenso, más allá de los grados que otorga el Aikikai.

El Aikido es, hoy en día, una sopa posmoderna de prácticas a veces irreconciliables que mantiene su homogeneidad sólo a través de las certificaciones que ofrece la institución del Hombu Dojo, y aún así sólo parcialmente, si tenemos en cuenta que hay aikidokas afiliados a Yoshinkan Aikido, Tomiki Aikido, o incluso grupúsculos minoritarios. Bajo estas instituciones minoritarias una política más unificadora, con criterios comunes para definir la habilidad técnica y su entrenamiento, ha dotado a estos grupos de más consistencia, aunque no mucha más, ya que sigue habiendo escisiones en su seno aún hoy en día.

La pregunta es si el mundo del Aikido podrá dar la vuelta a esta tendencia, antes de que el Aikido se disuelva en su propia sopa posmoderna de palabrería. ¿Hasta cuándo el argumento de que “cada uno tiene su Aikido” será válido para justificar la disolución del arte? ¿Cuándo dejaremos de defender que la involución no es evolución respecto al Fundador? ¿Podremos recuperar unos criterios comunes sobre que es el Aikido y cómo se entrena? ¿Seremos también capaces en el camino de recuperar las valiosas habilidades marciales que contiene, y que hicieron a Ueshiba Morihei uno de los artistas marciales más respetados de su momento? Obviamente, estas preguntas son las que hace el que suscribe estas líneas, pero estamos seguros que encontrarán amplio eco en la comunidad aikidoka. Y es que cuándo el río suena, agua lleva.

 

6 comentarios en El futuro del Aikido

  1. Vicente Bosch Campos // 03/04/2017 en 18:40 // Responder

    El texto de Peter Goldsbury esta mal traducido. El texto original indica lo siguiente:
    “I think if the Aikikai could make the eight basic waza into sacraments, they would leap at the chance.”

    Esta frase indica que si el Aikikai pudiera hacer las 8 wáza básicos un sacramento ( como un estándar) saltarían ( se avalanzarían) a dicha oportunidad. Se esta diciendo de forma jocosa (siguiendo la línea del texto) al ser semejante solución imposible (dada la extensión y variedad de lo que se hace bajo el nombre comercial de Aikido) y adicionalmente no ser una solución de verdad.

    Lo cual dista de la traducción:

    “Creo que si el Aikikai pudiese hacer de los ocho waza básicos un sacramento, tendrían alguna oportunidad.”

    Que esta implicando que Peter Goldbury contempla esto como una oportunidad en si cuando en verdad esta siendo sarcástico.

    Constatado este punto con varios lectores bilingües.

  2. Afortunadamente el año que viene me desvinculo completamente de Aikidô y ya no será mi futuro. Elegí un futuro más acorde para mi.

  3. Creo que lo único que puedo aportar es decir que lo duro es el discípulo de la muerte y lo blando el discípulo de la vida. Hay que seguir practicando rápido que es igual a suave lento y constante. Y no olvidarse que antes de maldecir a la oscuridad hay que encender un vela. Domo arigato gozaimasu

  4. Yo estaba interesado en un arte marcial útil para la defensa personal y en un momento consideré el AIKIDO pero cuando investigué viendo vídeos y leyendo opiniones incluso de aikidokas experimentados lo descarté totalmente porque me parece COMPLETAMENTE irreal su forma de entrenar, todo el rollo de la filosofía puede ser bueno pero si alguien me quiere hacer daño la filosofía no me servirá para nada. Me decidí por el KRAV MAGA.

  5. Hoy en día no necesitamos de sociedades secretas para esconder conocimientos de privilegio. Basta con que alguien se dedique a estudiar en profundidad algún asunto para que su trabajo pase inadvertido a la mayoría.
    Aikido es un estudio de principios, no un conjunto de técnicas de defensa personal. ¿Qué de los que estudian Iaido, o kendo? ¿Lo hace para desarrollar habilidades de pelea callejera?
    Aikido es inteligente. El mundo lo es cada vez menos. El hombre vulgar queda preso de su propia inmediatez. Como instructor, esta realidad me entristece profundamente.

  6. Quiero decir… en primer lugar, el aikido es efectivo, pero es cierto que en orden a la expansión se han descuidado aspectos fundamentales de la técnica. Esto es muy triste, y es también un error pensar que el fundamento de la práctica es la efectividad de la defensa personal. Esto es comprensible en quienes se inician en la práctica, pero una equivocación de algunos instructores poner esta idea por encima del estudio de los principios.

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